El Colegio La Salle de la ciudad de Riobamba, en el deseo de cumplir con la misión que el Gobierno Nacional y el Décimo Capítulo del Distrito encomendara a los Colegios del País, ha preparado el presente documento con el fin de llegar a sistematizar la reflexión pedagógica y pastoral para la formación de su comunidad educativa.

El presente documento es producto de años de experiencia fruto de nuestra práctica educativa, compartida con la de maestros lasallistas (Hermanos y Colaboradores Seglares) que a lo largo y ancho del mundo entero (y en Ecuador desde 1863) han sabido llevar a la práctica las sabias enseñanzas de su padre y fundador, San Juan Bautista De La Salle.

De La Salle, nos ha dejado una rica reseña sistematizada de su experiencia vital de “Reinventar la Escuela”, en dos documentos fundamentales:

  • “La Guía de las Escuelas Cristianas”  en la que con sus primeros Hermanos de comunidad, sistematizó “el qué y el cómo hacer la escuela”.
  • El conjunto de reflexiones – conocidas como  Las meditaciones para el Tiempo de Retiro en las que sistematiza el por qué y el para qué de la escuela.

Son los ejes constitutivos del Modelo Pedagógico de La Salle,  que pondremos a consideración, no como algo ya acabado, sino que se sigue construyendo y afinando en nuestra Institución.

El “marco teórico” de esa propuesta está consignado en un tratado que estuvo vigente por casi dos siglos: “La Guía de las Escuelas Con el recurrir decurrir de los años, aparecieron nuevas corrientes pedagógicas adaptadas a las épocas, las cuales muchas veces eran aceptadas para la práctica docente sin la suficiente reflexión y criterio. Muchas de estas propuestas de raíces humanistas consideraban un aspecto de la realidad del ser humano pero no su integralidad y unicidad., lamentando que en muchas escuelas lasallistas se asumieron como la panacea de la educación, olvidando o dejando a un lado la propuesta original de la escuela cristiana tal como La Salle la concibió.

Valoramos la respuesta de Juan Bautista de  LA SALLE A  la inspiración de Dios  y su sensiblidad ante el desamparo humano y espiritual de los hijos de los artesanos y de los pobres, consagrándose a la formación de maestros de escuela quienes se dedicaban   enteramente a  su instrucción y educación cristiana. Descubrió a la luz de la fe, la misión de su Instituto como respuesta concreta a colaborar en el plan de Dios 

Como continuadores de la obra de Juan Bautista de La Salle, al compartir su misión entendemos nuestro ministerio educativo en el hoy de nuestros pueblos, como un servicio necesario, que  hunde sus raíces en los valores del Evangelio y en la rica tradición del Fundador del Instituto.  

La escuela Lasallista, es cristiana y, por lo mismo, el Evangelio es la luz que ilumina e inspira  su proyecto educativo. Siendo la figura del Buen Pastor, el paradigma del maestro lasallista: conoce a sus ovejas, revela los secretos del Padre,  sirve a, los más necesitados, propone las bienaventuranzas como proyecto de vida, que anuncia el Reino,  se ofrece como pan de vida, 

En sus escritos encontramos la invitación a no hacer distinción entre las obligaciones profesionales docentes  y los de nuestra vivencia cristiana; en nuestra relación con los alumnos nos sitúa como embajadores y ministros de Jesucristo, nos pide tener un conocimiento profundo de ellos y actuar con “firmeza de padre y ternura de madre”. 

Su propuesta educativa propende a la formación del ser humano en todas sus dimensiones, ofreciendo conocimientos útiles para la vida, cultivando y desarrollando sus capacidades, animando la práctica de valores en un ambiente de servicio, fraternidad y trascendencia.